martes, 20 de junio de 2017

¿Qué significa ser un niño refugiado?

Haciendo un ejercicio de empatía, he llegado a la conclusión de que ser un niño refugiado conlleva perder muchas cosas que ningún niño en el mundo debería perder. La fórmula es fácil:
Niño refugiado = Niño robado


A un niño refugiado le roban muchas letras que no deberían faltar en el abecedario de su vida:

Recuerdos - Raíces
Esperanza - Entusiasmo
Familia - Felicidad
Unicidad
Generación
Infancia
Amor - Abrazos
Derechos
Oportunidades
Sueños - Salud

¿Podemos permanecer impasibles ante este crimen tan atroz? La respuesta es evidente, ¡NO! 
Si pensamos unos minutos lo que significa cada una de esas palabras robadas a los niños refugiados, nos daremos cuenta de que lo significan todo, son palabras que nos dan vida, nos dan esperanza, fuerza y bienestar. 

Les roban la R, la E, la F, la U, la G, la I, la A, la D, la O y la S.

La infancia es una etapa de la vida en la que los niños confían en los adultos, se sorprenden con todo, aprenden, se ilusionan, viven con gran pasión e intensidad, juegan, ríen, formulan las preguntas más importantes y profundas, son sensibles, se asombran, admiran, son curiosos... 

La infancia es el presente que garantiza el futuro; futuro arrebatado sin piedad de las manos de estos niños inocentes. Futuro arrebatado al mundo, porque los niños son una necesidad social, el oxígeno vital de una población cada vez más envejecida. 

La infancia deja escritos en los corazones de los niños que perdurarán para siempre. ¿Qué escritos quedan en los corazones de los niños refugiados?

Hay tantas preguntas a las que no encuentro respuesta: ¿cómo puede alguien no detenerse ante el llanto de un niño? ¡Ante el llanto de millones del niños! El mundo debe pararse, mirarse de arriba abajo y actuar ya. Darse cuenta de que los niños son la esperanza de la humanidad y que por ese motivo hay que protegerlos, darles calor y seguridad.

Suelo decirle a mis alumnos que todos tenemos una gran responsabilidad social y que debemos realizar acciones en favor del mundo. Este mensaje es muy importante, pero en ocasiones es muy difícil de transmitir cuando acaban de ver como un país pone alambradas con pinchos para que niños que huyen de la guerra con sus familias no pueden acceder a él. Esa fue la reflexión de un alumno mío de 8 años después de ver el vídeo recomendado por Ana Municio: "No entiendo porque ponen alambradas". Intenté responderle de alguna manera, aunque finalmente respondí con el corazón: "Yo tampoco lo entiendo". En ese momento hubo un gran silencio de toda la clase y sus ojos llorosos me hicieron ver que no todo está perdido. Fue un momento mágico y esperanzador. ¡Gracias niños!

Vivimos en un mundo que ha convertido a los niños las víctimas silenciosas de sus guerras. Víctimas que ven como a su alrededor las sonrisas han dado paso a los llantos y a la perdida de familiares y amigos. Víctimas que ven como las casas se destruyen, como los colegios se vacían, como las sirenas se convierten en la melodía de su transcurrir, como el arcoíris, que era tan bello por su policromía, se vuelve negro.

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