1. La primera herramienta: la mirada que incluye:
Antes de pensar en fichas, materiales o adaptaciones, pensemos en la mirada. La atención a la diversidad empieza ahí.
· Observar sin prisas: anotar cómo juega cada niño, con quién, qué le interesa, qué le cuesta, dónde se bloquea y dónde brilla.
· Escuchar a las familias: nadie conoce mejor la historia de un niño que quienes le han visto crecer. Preguntar, no solo informar.
· Ver potencial, no etiquetas: “es tímido”, “es movido”, “es lento” suelen ser jaulas. Cambiemos por frases como “necesita más tiempo para…”, “se siente mejor cuando…”, “disfruta mucho con…”.
Una buena observación es como un mapa del tesoro: te dice por dónde empezar a acompañar.














